Mitos sobre la pedagogía

Hoy más que nunca, la pedagogía se ha enfrentado a una revolución tecnológica que llegó sin aviso y, sin duda, para quedarse. La necesidad de adaptar la educación tradicional a las nuevas necesidades a raíz de la pandemia, como las clases remotas y el necesario rediseño de currícula y modelos de enseñanza ha resultado ser un reto para muchos educadores, pero también ha derribado muchos mitos que se tenían acerca de esta profesión, la cual es mucho más compleja de lo que uno puede creer.

Hablemos de los pedagogos y de la pedagogía
Son muchas las ideas equivocadas acerca del educador o pedagogo, como comenta Soto (2016), y durante muchos años se ha asociado al profesional de la educación y la pedagogía como el “niñero o niñera” o que el campo laboral se reduce a trabajar en kinders.

Lo cierto es que, si bien el pedagogo tiene las herramientas y conocimientos necesarios para desarrollarse como un educador, la interdisciplinariedad que caracteriza a esta ciencia incluye estudios psicológicos e inclusive de las ciencias sociales por lo que, como profesionales no están restringidos laboralmente a un aula de clases. También se pueden desarrollar planificando, diseñando y ejecutando programas educativos y materiales pertinentes para la educación, ya sea trabajando para un ente público, privado o de manera independiente. Además, tienen la capacidad de elaborar pruebas psicométricas y hacer posteriores diagnósticos e interpretaciones con el fin de poder aplicar intervenciones psicopedagógicas.

En cuanto a la profesión pedagógica, son muchas más las concepciones erróneas que se tienen y que es necesario conocerlas para entender un poco más sobre la realidad de esta ciencia aplicada.

El Dr. Latorre (2017) enlista algunas creencias erróneas sobre la educación, empezando por el mito: “Enseñar es posible y los profesores enseñan”. Sin embargo, él señala que un docente no enseña, sino que pone al estudiante en la situación propicia para que este pueda adquirir el conocimiento que el docente posee y comparte. De la mano viene el mito de que los exámenes miden el aprendizaje; y es que, empíricamente, se ha demostrado que la mayoría de exámenes se basan en la memorización y esto resulta en un olvido de información a las horas de haberlo rendido, lo que determina que los alumnos estudian solo para aprobar.

Ante esto, Latorre se pregunta porqué no diseñar exámenes en los que se ponga en práctica lo aprendido en el curso en vez de repetir al pie de la letra lo impartido. Bajo esta premisa, un estudio de Teachthought Staff del 2013 desmintió el mito de que más tareas significan un mayor aprendizaje; de hecho, esto causa más estrés, especialmente en los niños y jóvenes. Este mismo estudio reveló que los docentes eran los únicos responsables del aprendizaje; lo cual es falso y apoya la idea de Latorre, que dice que los alumnos son grandes responsables también, ya que este aprendizaje debe ser interactivo, pues los estudiantes también poseen conocimientos que deben ser compartidos en un espacio propicio. (TeachThought, 2015).

Como hemos podido ver, los profesionales de la educación son vitales para el desarrollo y aprendizaje tanto de niños como adultos, pero no son los únicos responsables. Asimismo, no se debe encasillar solo como maestros, ya que sus capacidades no solo se desarrollan en aulas, sino también diseñando metodologías de educación.

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